En 1978 Marilyn Loden pronunció por primera vez lo que ella denomina “ el techo de cristal” ante una mesa redonda donde se hablaban sobre las aspiraciones profesionales de las mujeres. La expresión se refiere a los obstáculos, a veces invisibles, que muchas mujeres enfrentan cuando se busca ascender en la escalera ejecutiva, ya que culturalmente se cuentan con sesgos que suponen que los hombres son “Lideres innatos” y que las mujeres no están comprometidas con sus profesiones, sin embargo, durante el periodo de post pandemia la Asociación Profesional para el Desarrollo de las Organizaciones (APDO) llevó a cabo un estudio donde los hallazgos fueron que 9 de 10 organizaciones top mejor recuperadas ante la pandemia (de 50 sectores distintos) eran lideradas por mujeres, esto indicaba que las mujeres estaban ejerciendo su propio estilo, desde la toma de decisiones, manejo de crisis, su visión de creatividad, innovación y  de forma de liderear.

En la actualidad, si bien es cierto, la presencia femenina en el ámbito laboral va tomando suma importancia a nivel mundial en el sector empresarial, hoy en día en México la representación femenina ante la ocupación laboral en puestos gerenciales en el sector privado sólo figura en un 36%, sin embargo, con la baja participación hemos podido notar un cambio en los paradigmas ante las formas de liderar equipos de trabajo desde lo que se suele denominar liderazgo femenino, dotando así un equilibrio en las empresas u organizaciones dando la oportunidad de generar una dualidad de percepciones y formas de direccionar al capital humano.

El liderazgo femenino no es más que el liderazgo profesado por mujeres dentro de una organización las cuales cuentan con el poder de ejercer un papel como tomadoras de decisiones. Es un liderazgo basado en la empatía, en generar canales de comunicación abiertos al diálogo bidireccional que suman a la construcción de relaciones, acompañados siempre de una alta escucha.  Uno de sus pilares más sólidos es el impulso a la cultura del trabajo en equipo además de la conducción horizontal, es decir brindar climas laborales y oportunidades para el desarrollo de los miembros del equipo, siempre contando con una apertura al cambio.

Pero, ¿que se logra con este tipo de liderazgo?  Se busca generar una conexión con el ser, desde la más forma personal, más allá del colaborador, plantea conectar con las necesidades del otro y contempla escenarios donde prioriza el desarrollo las habilidades blandas mismas que brindan confianza, lo cual impacta desde lo particular hasta la cultura organizacional de una empresa orientada hacia las personas, ya que esto es clave al momento de buscar lograr objetivos en conjunto, consiguiendo hacer comunidad empresarial.

No obstante los tipo de liderazgo y su impacto deben de contemplar (como en la vida)  un equilibrio, se debe de buscar amplificar esa dualidad entre la practicidad del liderazgo masculino y la individualidad del liderazgo femenino, donde, más allá del género se pueda contar una visión más integral, donde hombres y mujeres con cargos gerenciales busquen ponen el común, crecer y actuar en colaboración, tomando en cuenta las características de sus estilos y compartiendo sus visiones, mismas que terminan siendo una fuente inspiración para sus colaboradores,  ya que la esencia del liderazgo yace en inspirar a los demás a cumplir los objetivos siempre avanzando, buscando alcanzar a su líder e incluso en algún momento superarlo.

 ¿Y tú, has tenido la oportunidad de ser lidereado desde el estilo femenino?

 

Editor: Yadira Álvarez